Ayer, día 9, nos animamos y aceptamos la invitación de Alvarito Abaitua a su nueva casa cerca de la Playa de Vega.
Como siempre en estas ocasiones, salimos temprano y como íbamos pocos (algunos ya se habían adelantado el viernes para disfrutar de la “hospitalidad” de Álvaro), nos lo tomamos con calma.
Tres coches, salida 8.00 am , puntuales y paradita pasado Cabezón de la sal. Cafecito, pincho y directos a la playa.
Como de costumbre y es algo en lo que siempre insisto, el parte meteorólogico no era nada claro. Comienzas con sur, rola al oeste en algún momento al final de la mañana o al mediodía, rola de nuevo y a saber qué pasa.
Lo mismo con las olas. Medio metro, medio metro pasadito, tres cuartos, periodos que dicen serán relativamente altos y a ver qué te encuentras en la playa.
Hace mucho tiempo, mucho, un buen amigo ya me dijo, “siempre hay que asomarse”. Y es cierto, y me encanta que fallen pronósticos. Me pone un poco nervioso, tanta precisión e información con respecto al tiempo y olas. Es cierto, que no es una primera comunión o una boda al aire libre, si no, un baño, entre amigos.
Perdón, estoy derivando. Será la corriente.
Al llegar a la playa, se corroboró lo que nos habían adelantado por teléfono. Tres cuertatitos y día muy agradable con terral o apenas viento.
Todos se dieron un buen baño, muy divertido y todos, cogieron olas. Yo, desde la orilla (por desgracia, no podía darme el lujo de un baño) , intentaba “pillar” alguna buena maniobra, pero el móvil que me dejó Iñaki Guezuraga, debía de ser un poco mejor que el mío, el cual tenía una lente estropeada y no sacaba una foto decente ni a tiros.
Las dos Anas que nos acompañaron (la de Jaime Vilas y la del anfitrión, Álvaro Abaitua), paseaban por la orilla, mientras yo, sentado en una silla de madera, bastante cómoda por cierto, intentaba atinar con el objetivo sobre los surfers.
Pasada una hora bien larga, fueron saliendo del agua, contando como siempre sus más y sus menos. Todos , en cualquier caso, encantados con el baño que habían compartido con otros pocos surferos, que además, eran un tanto flojetes.
Nos acercamos a casa de Álvaro y comenzaron los preparativos de la paella. Cherra e Iñaki Guezuraga, acompañándole en esta ocasión, comenzaron a organizar la cocina y la mesa.
Iñaki, resultó ser un experto también en la cocina, muy detallista y con las ideas claras en cuanto a los detalles.
El cielo, seguía amenazando, pero nos respetaba. Al menos, hasta ese momento.
El lugar donde Álvaro tiene la casa es espectacular. De hecho, su casita, por decirlo suavemente, es espectacular.
Huelga decir, que la paella, salió riquísima. De postre , Álvaro, nos deleitó con unas natillas caseras que le habían regalado en no sé dónde.
Después y visto que el cielo, cada vez era más amenazante, recogimos las cosas del jardín y entramos en la casa.
Nos acomodamos en el salón, recogido, con una chimenea que no hacía falta encender , pero que nos hubiera encantado ver su lumbre y comenzamos a charlar con un cafecito.
Salió el tema del libre de Cherra.
Un tema interesante y que nos dio margen para tomar algún rico bajativo y poder divagar sobre otros tiempos, lugares.
Fue realmente entretenido.
Deberíamos repetir.
Hasta la próxima.
El Presi
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