Durante la semana , todos teníamos la idea clara del baño que llegaría el Sábado. Los partes no cambiaban y se mantenían los casi cinco metros de ola, con fuerte viento del noroeste.
Cuando anunciamos la salida, habíamos pensado primeramente desplazarnos hacia Francia, destino muy apetecible y que nos rondaba en la cabeza desde hacía tiempo, pero con esas condiciones sería imposible , así que dirigimos nuestra mirada hacia el Oeste.
Con esa perspectiva, los points, no son muchos pensando en una salida en el día. Hay uno en especial que puede dar buenas sesiones de olas, pero en este caso, tienen que encajan las piezas, «mar» y marea. Cosa que parecía iba a estar complicado.
Nos citamos como siempre en «La curva». En esta ocasión no tan temprano porque no pensábamos ir lejos, pero sobre todo porque la marea baja sería sobre las 12.00 h del mediodía y la subida de mar la marcaban las previsiones para alrededor de las 14.00h.
En Ereaga no había nada de nada pero si soplaba un fuerte viento gallego, lo cual volvía a ponernos en la tesitura de buscar un lugar protegido sin mar o un lugar abierto con el mar totalmente roto y desordenado.
En esta ocasión , al igual que en alguna anterior, se habían apuntado varios hijos de socios y algún que otro de sus amigos. Para ellos era toda una experiencia poder salir a buscar sitios surfeables con los mayores, con los socios del Club.
No era una salida multitudinaria porque muchos no habían podido apuntarse (como siempre es difícil compaginar todo) y otros pienso , no se habían apuntado porque el surfear tan cerca como Oriñón o Laredo por ejemplo , si no se daba la tercera alternativa, no era suficientemente atractivo para ellos.
Allí estábamos Iñaki Garai, Iñaki Azpiazu y yo, tratando de vislumbrar nuestro futuro próximo, lo cual no era fácil, debido a la falta de olas.
Sin embargo, nos tomamos la excursión como uno de esos días de hace 30 años que todos vosotros habéis vivido. Uno de esos maravillosos días que todavía seguro recordáis, porque en el seiscientos se habían puesto 20 pesetas de gasolina y no se sabía hasta dónde se llegaba con eso, si subiría o no la cuesta aquella, si se pincharía en el camino y sobre todo, como no había tanta tecnología, si habría algún lugar bueno para surfear.
Pero sobre todo, los recordareis por el espíritu de aventura y camaradería que se respiraba dentro del coche, siempre escuchando buena música (si había suerte y funcionaba el radio casete)
Pensábamos que para estos enanos (todos más altos que nosotros) , el salir a encontrar ese sitio con cierta incertidumbre era excitante. De hecho, estaban nerviosos y se movían por el parquin como gatos encerrados y soltando comentarios cortos , como para involucrarse con nosotros.
Como veíamos que teníamos todo el día , nuestra primera parada fue Islares con la disculpa de tomar un café que luego no tomamos.
Bastante gente en el agua pero la ola apenas rompía. Medio metro no era suficiente aunque todavía le quedaba dos horas escasas para la baja. Seguíamos esperanzados en que el mar iría subiendo poco a poco.
Al cabo de un rato, Iñaki Garai propuso mostrarles a los jóvenes un maravilloso lugar al otro lado de la bahía , totalmente desconocido para ellos. Un secret spot dijimos y nos reímos con la ocurrencia.
Por la nacional (imagino la antigua 1) llegamos a Sonabia en quince minutos. Condujimos hasta el final del camino y contemplamos el maravilloso paisaje de las peñas que protegen la calita.
Allí , las olas eran algo más grandes , por lo que se abrió un atisbo de esperanza para un baño posterior.
Tras disfrutar de aquel paisaje durante un buen rato, nos despedimos de unos «aventureros» con matrícula portuguesa , a los que habíamos sorprendido desayunando a los pies de su furgo y que por un momento, habían temido que aquella increíble expresión de majestuosidad y su simbiosis con la naturaleza, con las maravillosas peñas en la ladera de Islares dominando al fondo , desapareciera con la llegada de estos desconocidos.
Sobre todo , debido a las idas y venidas de los jóvenes que se movían de un lado a otro , admirando las rompientes y la playa.
De ahí, nos largamos a nuestro destino final, Laredo. Para nosotros , el viaje ya había merecido la pena y casi nos daba igual qué nos encontráramos. De hecho, incluso habíamos barajado la posibilidad de volver sin mojarnos .
Cuál fue nuestra sorpresa que pese a no estar bien, sí había olas, así que la deficiencia de las ondas, la achacamos al punto de marea y decidimos esperar un poco más, de nuevo, con la esperanza de coincidir con la famosa subida de mar.
Llegó Pitor Vilas mientras terminábamos nuestro café en un bar cercano y su comentario nos hizo sonreír, dándonos cuenta de que los años, son los años. » Parece más una reunión de viejos, que un viaje de surferos». Y es que efectivamente , estábamos hablando de todo , excepto de surf.
Al poco, los jóvenes , a quienes habíamos dejado a cargo de la vigilancia de la playa para que nos avisaran en caso de subir el mar, nos dijeron que se iban al agua. Había olas y parecía que estaba rompiendo mejor (algo que ya había confirmado Pedro).
Al poco, nos fuimos calentando con los comentarios de unos y otros y terminamos todos en el agua. Para entonces , también se había unido al grupo, Gon Díaz con su hijo y un amigo. Total, la tropa iba creciendo.
Mientras estábamos en el agua, entraron las primeras series más grandes que la media. La verdad es que el espectáculo del cambio de tamaño fue muy curioso. Algo que no siempre se encuentra uno en el agua.
En general , todo el mundo cogió buenas olas, a pesar de que como era de esperar había mucha gente.
Después del baño y tras una buena ducha, aprovechando toda la infraestructura de la casa de Iñaki, nos dirigimos a un restaurante conocido a deleitar un buen puchero montañés de «lujo».
Poco después , se nos unió Wences que había entrado en el último momento al agua y que apareció con más apetito que cualquiera de nosotros. Al parecer , había hecho ejercicio.
De nuevo los jóvenes nos dijeron que se iban al agua. Volvimos a la playa y vimos que había subido el mar y entraban más seguidas las series.
Las derechas abrían en general pero las izquierdas cerraban a menudo a pesar de que la bajada parecía estar bien.
Visto el panorama, los que no teníamos tanta prisa, volvimos a darnos un bañito rápido que disfrutamos mucho (sobre todo porque ninguno rompió el tablón).
Con esto , finalizamos nuestro día surfero. Un día completísimo y que pese a todo, terminó con buenos baños.
Hasta la próxima.
El Presi

Excelente crónica, Sr. presidente.
la verdad es que lo pasamos de cine.
Lastima que no pudieron apuntarse más surferos al plan, pero el invierno es muy largo y seguro que tendremos ocasiones de repetir plan.